Después de cuatro años, quince llamadas sin respuesta y cuatro con corte de llamada, cuarenta y tantos esemeses, emilios y rosas rojas, me siento algo mejor, pero no hay día que pase sin echarte de menos.
- ¿Por qué yo?.
- No lo entenderías, podría intentar explicártelo pero no lo entenderías.
- Inténtalo.
- Desde el día que nos conocimos supe que eras la mujer de mi vida, da igual que no quieras volver a verme, no tiene que ver con eso.
- ¿Con qué tiene que ver?.
- Ves, no lo entiendes, tiene que ver con una combinación de elementos conocidos y otros desconocidos pueden ser químicos, físicos que se yo, nadie conoce la fórmula.
- ¿Por qué ahora?.
- Es como cuando vas en coche y hace mucho frío, los cristales del coche se empañan, intentas continuar sin abrir las ventanillas aunque no veas muy bien, tienes frío.
- Ya, ahora a las otras se les llama vaho.
- Cuando empiezas a no ver nada más allá del salpicadero, abres las ventanillas y lo puedes ver todo con claridad.
- Entonces todo fue un problema de confort.
- Bueno tú tampoco me diste muchas pistas.
- Que morro tienes.
- Para mi el único gesto que demostró que te importaba fue que desaparecieras sin decir ni pío, que no contestaras. Pero quizás esté equivocado y realmente no te importara nada.
- Pero has tardado mucho en darte cuenta de todo esto ¿no?
- Ya estamos, el tiempo, tengo la sensación de que es lo único que te preocupa, que se cumplan los protocolos, lo demás te da lo mismo. ¿Cómo puedes ser tan cuadriculada?
- La cuadrícula debería formar parte de todos esos elementos conocidos de los que hablabas.
- Había olvidado que tenías respuesta para todo. Mi intención no es convencerte de nada. Solo quería decirte una cosa...
- (pi pi piiiiiiiiiiiiii…)
Es una pena que no quieras oír, lo que no soy capaz de decirte.